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Mejor hablar de ciertas cosas… sobre todo de esas que cavan hasta la base misma de las transformaciones de la sociedad.
Las tecnologías de la información y el mundo digital son en este momento, a mi entender, coyunturales. No porque sean realmente nuevas, porque en realidad se vienen desarrollando desde hace décadas (lo nuevo es la apropiación social), ni tampoco porque sean masivas, porque las estadísticas muestran que si bien ha crecido enormemente, por ejemplo, el acceso a Internet (uno de los indicadores) aún hay una inmensa cantidad de personas al margen de esa posibilidad.
En realidad, creo que es necesario hablar de ellas porque, en tanto que lenguajes, han logrado cambiar los cimientos mismos de las prácticas cotidianas, en el trabajo, la educación y todos los aspectos de la vida de la sociedad organizada. Hoy son posibles prácticas de comunicación y de difusión de contenidos como nunca antes, en un contexto de inmediatez y desde cualquier punto del mundo. Eso me parece lo suficientemente importante como para hacer necesario un debate serio y amplio que deje salir a la luz los muy diversos aspectos, las visiones heterogéneas que se desarrollan en este mundo cada vez menos sólido y estable.
Planteo en este espacio la posibilidad de dialogar con los que se pusieron a pensar en todo esto mucho antes que nosotros e incluso, para nuestro beneficio, investigaron al respecto.
Vivimos en una sociedad que cambia, y como no somos sino seres sociales, no podemos menos que cambiar con ella, aún cuando este cambio se realice a distintos tiempos, todos somos en cierta forma “arrastrados por la movida tecnológica”. El tema quizás no sea descifrar a dónde vamos con todos estos cambios sino cómo. Este proceso que comienza poco a poco a modificar nuestras constumbres, nuestras posibilidades primero, y más tarde, nuestros deseos y necesidades. Este proceso que es eso, un proceso, y por tanto es paulatino y contiene en sí mismo las estructuras de lo viejo y las primeras construcciones precarias de lo nuevo. Es parecido a la “modernidad líquida” de Bauman que después retoma Lewkowicz, que de hecho me parece muy gráfica para entender cuestiones muy abstractas. Esto quiere decir, para mí, que en realidad se han puesto en debate cosas que antes no estaban prontas a ser discutidas, como por ejemplo, la razón de ser de las instituciones, de las organizaciones burocráticas, del estado como ordenador social. Y creo que el mero hecho de que estas cuestiones salgan a la luz implica cierto cambio en las estructuras de pensamiento, posibilidades que antes eran impensables.
Eso, posibilidades impensables. Así, literalmente. Quién no está aún asombrado de las cosas que se pueden lograr a través de las nuevas tecnologías? Puede ser que esté aterrado o fascinado, pero de todas formas, sorprendido. Esto no abarca solo la edición de imágen, video, la facilidad para la transmisión de información, sino mucho más que eso, porque plantea la potencia, las cosas que potencialmente podrían ser otra cosa o de otra manera. Ese es para mí uno de los aspectos más importantes del impacto de las TICs.
Esto puede relacionarse con lo que plantea Lewkowicz en “De las ventanas a los vínculos” como la “continua construcción” de los vínculos que se tejen desde la red, por ejmplo, que SON en construcción y me atrevo a decir, tan flexibles como las circunstancias lo requieran. ¿Cómo pensar desde una sociedad estable la posibilidad de que exista algo en continua construcción? ¿Algo que nunca está listo o es algo que en realidad está listo como o que es desde el momento en que empieza a ser construído? Esta pregunta ni siquiera hubiera sido formulada por alguien cuerdo hace 10 años. A eso me refiero con la potencia de las TICs. Y, de hecho, creo que este posteo es un claro ejemplo de esa construcción permanente.
Creo que todo lo expuesto sólo es posible en una sociedad “acelerada” en constante perfeccionamiento y actualización, con una percepción del tiempo cada vez más inmediata, en el que las cosas cada vez pierden vigencia más rápidamente. Nuestra percepción tempo espacial ya no es la del hombre moderno del siglo XIX, pero tampoco es la del hombre del XX. Hoy, la inmediatez en la comunicación es la regla.
Software libre: pagar o pecar
Ahora, con respecto a ese espacio virtual, ese mundo intangible en el que se desarrollan todas estas nuevas formas de comunicación, en la que se crean y conservan todos estos vínculos, ¿Es tan anárquico como dicen? ¿Quiénes tienen el poder? ¿Y el control? Porque todo mundo tiene composiciones jerárquicas establecidas. Creo que este es un punto que en general no se toma a la hora de hablar de la Web. Creo que ha tratado de imponerse una noción de que en Internet todo el mundo hace lo que quiere, que cualquiera puede publicar y que todos son igualmente considerados. Mentira. Hay orden dentro del caos de la red y los que ordenan tienen la última palabra. los buscadores jerarquizan y orientan la información. Tienen el poder de “ordenar”. Lo que hay Además, coincido con Lewcowitz en que las licencias que se imponen, las restricciones que tienen que ver con tratar este bien abundante como escaso, que es lo mismo que decir que es una mercancía que puede verderse y comprarse representan una alteración artificial en la naturaleza del software. Deberíamos conocer y aprovechar al máximo las posibilidades infinitas que se abren mediante esta herramienta de trabajo como medio, que justamente puede mediar, para optimizar las relaciones entre las organizaciones de la sociedad civil, procurar los vínculos para que de los choques inevitables entre esas organizaciones, en ese mercado, sean encuentros.
Igual, me parece importante al respecto mencionar que en Argentina, la piratería socialmente aceptada de todo tipo de software hace en muchos casos que Windows sea software libre. ¿Quién compra un programa o un cd de windows original? Es más fácil, rápido y gratis descargarlo de Internet. Sin embargo, es un delito. Pagar o pecar, esa es la cuestión.
¡Volvé! ¡Me olvidé el celular!
¿Cuántas veces escuchamos y/o decimos esto? Yo me resisto a depender todo el tiempo del celular y entonces en mi pobre rebeldía me lo olvido, lo dejo descargarse y nuna llevo el cargador, lo dejo sin crédito por semanas. Pero todos se quejan de mi actitud descuidada, como si les tuviera que rendir cuenta constantemente a una red de personas (las que tienen mi número) y estar a su disposición a toda hora, momento y lugar. ¿Cuál es ese afán de estar todo el tiempo enchufados a algo? triste es mi queja cuando yo también lo hago por necesidad, porque estoy inserta en una forma tecnológica de vida, como diría Scott Lash. Hoy ya no somos sólo un sistema orgánico, un ser biológico que nace, se reproduce y muere. Hoy somos eso que construimos en conjunción con los sistemas tecnológicos. No nos fusionamos con ellos, pero vamos por la vida social en interfaz con los sistemas tecnológicos. Vivimos con el celular, la pc, la conexión de banda ancha, la palm, el mp3, mp4, mp5, mp6 y contando… y convivimos con ellos. Ellos vienen con nosotros, “enchufados”, conectados, y al mejor estilo Mc Luhan, se parecen cada vez más a extensiones de nosotros mismos.
Somos entonces formas tecnológicas de vida en tránsito, y nos convertimos en formas tecnológicas de vida natural porque debemos transitar necesariamente por las formas tecnológicas de vida social.
Entonces, yo me pregunto. ¿Hasta donde se extiende la interfaz?¿Donde termina el sistema orgánico y empieza el tecnógico si en realidad nuestra forma de pensar, nuestra mente, nuestra personalidad y hasta nuestros sentimientos se configuran dentro de esa interfaz? ¿No somos, al convertirnos en una forma tenológica de vida natural indisociables entre o biológico y lo tecnológico?
El amor por nuestras máquinas es una prueba para mí de hasta qué punto puede llegar esa interfaz. No se trata solamente de la utilidad, de la necesidad racional de ser en relación con esa tecnología, sino que implica también fenómenos mayormente irracionales como los sentimientos. Uno termina sintiendo afecto por la pc, por el celular, por el elemento tecnológico que utilice más a menudo, con el que está en esa estrecha interfaz. Uno se enoja cuando la computadora se cuelga y en muchas ocasiones la insulta ferozmente. Como si la computadora tuviera vida propia, como si pudiera eventualmente tomar la decisión de dejar entrar un virus al sistem32. Entonces, en realidad, no sé hasta qué punto no nos fusionamos. Quizás estoy demasiado de acuerdo con Latour y su concepción de los no humanos como “actores de pleno derecho en nuestro colectivo”.
De todas maneras no quiero abarcar en este planteo a todos los no-humanos que nos rodean, sino solo a los que pueden formar con nosotos esa interfaz tecnológica con que salimos al mundo. Yo creo que somos EN y CON la tecnología, que somos uno sin celular, y otro con celular, y no me refiero al status, sino a la meta última que se genera en pos de ese agente con el que compongo esa realidad. Por ejemplo, yo estoy acostumbrada a avisar cuando voy a llegar tarde mediante un mensaje de texto al que me está esperando. Entonces, con el celular, soy esa que avisa cuando llega tarde, y sin el celular ya no lo puedo ser, y mi meta ya no va a ser la de avisa nada a nadie. En cambio, cuando ese no humano, que interfiere y compone conmigo me da la posibilidad de ser otra, de tener otra meta juntos.
Yo soy con esos no humanos y aunque pueda ser sin elos, no puedo ser la misma en ambos casos. Y en ambas formas, igual soy yo, porque no es la esencia lo que se pone en tela de juicio, sino la experiencia en un punto temporal específico.
Alimentando mi ego
Voy a sentarme a MI pc, con MI protector de pantalla preferido, tengo a mi lado MI celular, con la carcaza que a MI me gustó, y le puse el ringtone de MI canción preferida y MI foto en la pantalla. ¿Acaso no soy una chica típica de la sociedad post industrial? todo está personalizado, especialmente para mí y por mí. Según Manovich los nuevos medios obedecen a la lógica de la soiedad postindustrial que está basada en la adaptación al individuo en vez de en lla estandarización masiva. Es decir, que ya la idea no es poder hacer algo que sea infinitamente reproducible sino que los contenidos están adaptados al usuario que los va a consumir. Todo viene “a medida”. Esto tiene que ver por supuesto con las posibilidades que brinda lo digital. Acá hay un ejemplo en el ámbito educativo.
Yo tengo la sensación tecnofílica de que con lo digital podemos hacer lo que sea (obviamente virtual). La selección, la composición y la teleacción, permiten que lo digital pueda ser manipulado a elección y eso implica que las posibilidades para los creativos se tornan poco menos que infinitas. Es que si podemos tener un número finito de códigos o números en los que la capa cultural puede ser transcodificada significa que, justamente en oposición a la finitud de esos códigos, se plantea la infinitu de las posibilidades de selección y conbinación de tales. Todo lo que se digitaliza entra en una especie de juego infinito en el que va a ser vapuleado, modificado, recortado, a gusto de los que quieran tomarlo para sus propios fines.
Finalmente, creo que estamos experimentando social e íntimamente cambio profundos y estructurales y creo que la reflexión y el debate es un elemento que favorece la adaptación y, en última instancia la construcción de sentido conjunta.
Yo creo que la tecnología es lo que “promete” y nos propone una mirada siempre al futuro, a lo que vendrá, quizás. Quizás, en un futuro no tan lejano, este panorama caótico que nos resulta extraño se aclare y podamos comprender mejor que es lo que nos está pasando EN y CON la tecnología. Yo, por el momento y mientras tanto, la disfruto.