
Me propongo en esta última etapa del seminario tratar de dejar en claro cuál es mi postura acerca de los temas que nos reunieron a lo largo del año.
Creo que ya no se trata de un nosotros, de nosotros como seres estáticos y completos. De generar y mantener relaciones unidireccionales y fijas. ¿De qué se trata entonces? Las ideas de Baudrillard me ayudaron a encontrar una respuesta. Para él, “No se trata de ser un cuerpo, ni siquiera de tener un cuerpo, sino de estar conectado con su cuerpo. Conectados con las funciones propias como con unos diferenciales de energía o unas pantallas de video.”
Pienso entonces que, si se trata de estar conectado con nuestros cuerpos, esta idea de conexión nos posibilita romper con las fronteras, con los límites físicos y proyectarnos fuera de las líneas previstas. Se abren ante nosotros un sinfín de posibilidades. Herramientas sorprendentes facilitan nuestras tareas y modifican la forma en que somos.
Esto me recuerda el concepto de las extensiones del cuerpo de McLuhan: “Todos los artefactos del hombre – sean lenguajes, o leyes, o ideas e hipótesis, o herramientas, o ropas, o computadoras – son extensiones del cuerpo humano o de la mente.”
Buceando en Internet, medio que me resulta muy útil a la hora de trabajar, encontré material que me sirvió para plasmar más claramente las ideas de McLuhan sin caer en simples explicaciones engorrosas hechas por mí.
“El pensamiento de Mc Luhan respecto a los medios de comunicación se inicia a partir de las siguientes ideas:
1. Somos lo que vemos
2. Formamos nuestras herramientas y luego éstas nos forman
Es habitual que pensemos que los medios no son sino fuentes a través de las cuales recibimos información, pero la concepción de Mc Luhan era que cualquier tecnología (todo medio) es una extensión de nuestro cuerpo, mente o ser. Los medios tecnológicos son entendidos como herramientas que extienden las habilidades humanas, del mismo modo que una bicicleta o un automóvil son una extensión de nuestros pies… la computadora sería una extensión de nuestro sistema nervioso central. “
Desde aquí es posible pensar, no sólo que a lo largo de los años el hombre ha ideado nuevas formas de comunicación y ha incorporado a su vida innovadores medios de ser que permiten su re-producción. Sino que también vienen a mi mente ideas que he desarrollado con anterioridad en este posteo permanente y que distan de las concepciones propuestas por Lash, Latour y Manovich.
Es indudable que, las nuevas formas de vidas tecnológicas han agregado valor a lo que somos, pero no todos tenemos acceso a esa vida. No todos tenemos esas extensiones de las que habla McLuhan. No me siento sola al decir esto, ya que mi compañera Rocío Apoloni aporta su visión acerca de esta gran dicotomía, de esta brecha que cada vez se acentúa más y hasta por medio de las temáticas de una cátedra de la facultad puedo pensarlas.
En este punto, quisiera incluir mi visión de los No Humanos reflejada en el práctico publicado en mi blog.
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Sin embargo no puede negarse que, para los que tienen acceso, la tecnología ha sabido modificar los comportamientos. Pero no siempre de la mejor manera. Para McLuhan, “en la edad eléctrica, la alteración de la identidad humana por nuevos medios de servicio de información ha dejado a poblaciones enteras sin valores personales o comunitarios, hasta un grado que supera fácilmente los efectos de las escaseces de los alimentos y combustible y energía.”
Lo efímero, lo instantáneo y la conexión son conceptos que imponen las reglas en este nuevo juego (que es el mundo en el que hoy vivimos). Y vuelvo a pensar en aquellas personas demasiado preocupadas por su propios seres que ni un segundo tienen para frenar, mirar a su alrededor y por lo menos respetar al otro. Y también en cómo las tecnologías han ido modificando nuestros cuerpos y la construcción de nuestras identidades.
Según Baudrillard en “Video, culto al cuerpo y ‘look’ “, “Necesitamos una memoria instantánea, una conexión inmediata, una especie de identidad publicitaria que pueda verificarse en el instante mismo.” Lamentablemente, cuánta razón tiene.
En este punto me gustaría citar a uno de mis compañeros, Olive Caraffa José Manuel: “de esta manera, nos encontramos hoy en día, en la llamada “sociedad de la información”, adictos a los nuevos medios electrónicos de comunicación, sin saber cómo llegamos aquí. Hablando con el profesor Yune, este nos decía que a su modo de ver, esta nueva realidad no se dio sola, sino que responde a una necesidad de mercado, una necesidad de producción de medios electrónicos y digitales.”
Ante estas palabras me pregunté a mi misma: ¿Será a causa de una necesidad de los mercados que estamos en esta vorágine de tanta información? ¿O de las ambiciones personales de quienes imponen las reglas? Datos que nos sobrepasan, información que nos completa pero que a la vez nos confunde y vuelve a nuestra existencia un poco más efímera. No voy a intentar responder a esa pregunta porque a mi entender es casi imposible. Simplemente son preguntas que continuamente vienen a mi mente.
Para finalizar con este último posteo y sentir la satisfacción de clickear en Exposición Final 2008 quisiera dejar en claro que esta instancia me aportó conocimientos técnicos de gran utilidad tanto para mi carrera como para mi formación personal. Quizás no coincido con todas las ideas de los textos leídos, pero considero que en la diversidad de opiniones se encuentra lo fructífero de toda relación.
Cambiando de lugar – 11/07/2008
La vida cotidiana es el refugio seguro, el lugar de los puntos de referencia tranquilizadores, el espacio transicional del adulto. Es el lugar en el que se siente protegido dentro de una trama sólida de hábitos y rutinas que se fue creando en el transcurso del tiempo, de recorridos conocidos, rodeados por caras familiares. En ella se construye la vida afectiva, familiar, profesional, de las amistades, en ella se sueña la existencia. También en ella se amortiguan los efectos de lo político, de los social, de lo cultural, que afectan la intimidad”. (David Le Breton “Antropología del cuerpo y modernidad”)

Los lugares seguros ya no existen. Cambian todo el tiempo. Nos perdemos en la incansable búsqueda de esas caras familiares, imposibles de encontrar. Los chat y los blogs muchas veces ayudan a generar lazos entre desconocidos, pero son pocos los que se atreven usarlos. También son pocos los que tienen acceso a las nuevas tecnologías.
La trama sólida de hábitos y de rutinas a los que se refiere Le breton son cada vez más líquidos, más fluidos y más efímeros. El refugio ya no es un lugar para estar, para quedarse, sino que ha perdido su naturaleza y ha pasado a ser un espacio de transición, de paso.
Considero que las formas de vida tecnológicas a las que apela Lash, se han vuelto formas de vida chatas. La creatividad está cada vez más ausente en los niños, los juegos al aire libre son una excepción en la vida cotidiana de los más pequeños. Ahora los videojuegos captan totalmente su atención, los moldea y les presentan una nueva realidad, inexistente, pero tan semejante que hasta llega a confundirlos.
Si bien es cierto que “en una sociedad postindustrial, cada ciudadano se puede construir en estilo de vida a medida, y seleccionar su ideología entre un gran número de opciones” (Lash), todas esas opciones ya están previamente fijadas, definidas y sin posibilidad para crear algo distinto, que rompa con los esquemas que la era del ordenador define. Vuelvo a remarcar la ausencia de diversidad, no porque no haya opciones para elegir, sino porque esas opciones ya han sido previamente imaginadas por alguien. Ya fueron decididas. La combinación queda en manos de quien navega, pero esa es sólo una ilusión de libertad de navegar. En relación a esto, coincido con Manovich en que los medios proporcionan el modelo de pensamiento (…) Los nuevos medios son la mejor expresión de la lógica de la identidad en estas sociedades, que consiste en elegir valores en una serie de menúes predefinidos”.
Retomando mis primeras ideas acerca de las formas de vida quisiera citar a Lash: “Como creadores de sentido, actuamos menos como cyborgs y más como interfaces de humanos y máquinas: conjunciones de sistemas orgánicos y tecnológicos (…) Opero como interfaz hombre-máquina –como una forma tecnológica de vida natural- porque debo navegar necesariamente por las formas tecnológicas de la vida social.“
Ante esto pienso en los humanos como seres pensantes, capaces de afectar a otras personas, seres con capacidad de actuar y de potenciarse en conjunto con otras personas. El hecho de considerar que actuamos como hombres-máquinas me hace pensar en que ya no hay forma de separarnos, que nos hemos vuelto uno sólo y que, si bien no hay “ningún tipo de dominio en nuestras relaciones con los no-humanos, incluyendo el supuesto dominio que ejercen sobre nosotros” (Latour) lo que sí hay, es una dependencia, unos de los otros, una interrelación y la conformación de un colectivo de humanos y no-humanos (Latour).
Nos vemos continuamente interactuando con objetos. Pero ellos ya no son considerados meros instrumentos, para Latour “Los objetos son mucho más que instrumentos. Son repositorios de memoria, huellas, tradición. Y la memoria y la huella son mucho más que un recurso”.
Para finalizar, quisiera citar a Valeria Miyar, una de nuestras compañeras: “Las tecnologías de la información y el mundo digital son en este momento, a mi entender, coyunturales. (…)En realidad, creo que es necesario hablar de ellas porque, en tanto que lenguajes, han logrado cambiar los cimientos mismos de las prácticas cotidianas, en el trabajo, la educación y todos los aspectos de la vida de la sociedad organizada.
Creo que es necesario hablar de las nuevas tecnologías, más allá de nuestra postura frente a ellas, para pensarlas como configuradoras de las nuevas prácticas socio-culturales. Cuando nos cuestionamos es cuando logramos vernos dentro de esta lógica y analizar nuestro accionar en este proceso.
Elegí este video porque muestra distintas posturas acerca de las tecnologías, todas ellas válidas y necesarias para pensar la construcción de los sujetos y de las sociedades.
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Lo fluido afectando nuestros cuerpos – 18/04/2008
El primer acercamiento a todo aquello que comenzamos debe ser hecho con cautela pero a su vez con nuestras mentes abiertas a experimentar algo distinto. Por este motivo, mi lectura del texto de Lewkowicz “De las ventanas a los vínculos” fue hecha con una mirada global y buscando comprender lo fundamental del texto, a mi criterio, el advenimiento de la era de lo fluido y su efecto sobre nuestros cuerpos. Cuando me refiero a cuerpos, lo hago con la idea de cuerpos sociales, de cuerpos políticos, de todas aquellas estructuras organizadas que forman parte del mundo en que vivimos.
A pesar de que la dicotomía Solidez-Fluidez ya ha sido problematiza con anterioridad, Lewkowicz amplia la mirada y propone nuevos conceptos que nos ayuden a comprender los cambios que inevitablemente las sociedades están experimentando. Cambios que nos atraviesan de lado a lado y que, de una u otra manera, nos obligan a cambiar, para no perdernos.
El software libre como una forma nueva de relación entre organizaciones, que deja atrás el rol del Estado, es un concepto revelador de lo lejos que ha llegado el medio fluido y hasta qué punto lo sólido ya no es parte de nuestro mundo. A su vez, es interesante pensar al Estado fuera de la sociedad, ya no como garante ni como regulador, sino como una entidad ajena al desarrollo de las sociedades actuales.
Lo líquido, como medio configurador de cuerpos, es también moldeado por estos. Los cuerpos imprimen su visión sobre lo social, proponen caminos que se bifurcan, caminos que, con distintos grados de velocidad, posibilitan el acceso a una perspectiva diferente. Se abren sendas que llevan a nuevas respuestas, necesarias ante esta vorágine que nos construye como sujetos y nos hace parte del cambio.
Dos citas:
1)«no vemos [...] la realidad [...] como es, sino como son nuestros lenguajes. Y nuestros lenguajes son nuestros medios de comunicación. Nuestros medios de comunicación son nuestras metáforas. Nuestras metáforas crean el contenido de nuestra cultura» Neil Postman.
2)…el principio está en la diferencia no en la identidad (parafraseando a Deleuze)