Quien tratando de buscar una solucion para su problema de inclinacion al caminar, se convirtió en un “carpintero de cerebros”…

La enfermedad de Parkinson es una enfermedad degenerativa del sistema nervioso central producida por la degeneración celular de la sustancia negra del mesencéfalo y la disfunción de los circuitos neuronales relacionados con el control de los movimientos corporales. Los síntomas más típicos de la enfermedad son la bradicinesia (lentitud de los movimientos voluntarios), acinesia (ausencia de movimiento), la rigidez muscular y el temblor, si bien suelen coexistir otros síntomas tanto sensitivos como vegetativos, cognitivos, afectivos… Es un trastorno propio de personas de edad avanzada, aunque existen formas de inicio juvenil.

El señor MacGregor, era un anciano residente de la clínica neurológica de St. Dunstan’s, que con sus 93 años no aparentaba mas de 60. A pesar de que la historia que voy a contarles sucedió hace ya 9 años, lo recuerdo como si hubiera pasado ayer…
—¿Qué le pasa a usted? —le pregunté, cuando entró, todo inclinado.
—¿Que qué me pasa? Nada… nada que yo sepa… Pero todos me
dicen que me inclino hacia un lado.
—¿Pero usted no tiene sensación de inclinarse?
—Yo me siento perfectamente. No entiendo qué quieren decir. ¿Cómo
iba a estar inclinado y no saberlo?
—Parece un asunto un poco raro —concordé—. Echemos un vistazo.Quiero comprobarlo yo personalmente, y quiero que usted lo compruebe también. Haremos un
video en que aparezca usted caminando y lo proyectaremos.
—De acuerdo, doctor —dijo y, tras un par de tentativas, se puso de
pie.
Se puso a caminar, muy seguro, de prisa, pero increíblemente escorado, veinte grados lo menos, el centro de gravedad desviado hacia la izquierda.
—¡Ya está! —dijo muy satisfecho—. ¡Ve! No hay ningún problema…
Quiero que juzgue por sí mismo. Rebobiné la cinta y la proyecté. Le impresionó muchísimo verse en la pantalla. Enarcó las cejas, abrió la boca y balbuceó:
—¡Maldita sea! —y luego dijo—: Tienen razón, me inclino hacia un
lado.
—Déjeme pensar, déjeme pensar —murmuró. Piense usted conmigo… ¡tiene que haber una solución! Yo me inclino hacia un lado y no puedo darme cuenta de que lo hago ¿no? Tendría que tener alguna sensación, una señal clara, pero no la hay, ¿verdad? ¿no?.
—Yo fui carpintero —dijo, y se le iluminó la cara—. Utilizábamos siempre un nivel de burbuja para saber si una cosa estaba a nivel o no. —¡Ya está! —exclamó—.Sólo necesito un nivel. debe estar en algun lugar en el que pueda verlo.. – ¡Ya está! – exclamó nuevamente- en la montura de mis gafas dijo…
Así fue como el Sr. MacGregor se convirtió en el inventor de unas gafas de burbuja un poco estrambólicas. ¡LAS PRIMERAS DEL MUNDO!
En los pacientes con enfermedad de Parkinson (EPk) avanzada, la inestabilidad postural es uno de los síntomas más incapacitantes. Aunque las vías propioceptivas se encuentran intactas, sus mecanismos regulatorios estarían deteriorados; asimismo, existirían alteraciones centrales de las vías laberínticas y errores de interpretación de la información visual. Por último, los trastornos cognitivos asociados también contribuirían a la disfunción del sistema motor. Por lo tanto, la inestabilidad postural sería el resultado de diversas alteraciones en el procesamiento central de la información, más que de trastornos en las vías aferentes. Los pacientes con EPk presentan gran tendencia a las caídas, tanto por los trastornos neurológicos mencionados como por su temor a las mismas.