¿Quiénes son los floggers? ¿Qué los define como tales? ¿Por qué en nuestro país se convirtieron en un fenómeno social inédito? ¿Cuánto tiene que ver la era digital en esta nueva forma de comunicación entre los jóvenes y el culto que hacen a su imagen?
Los interrogantes se multiplican y avanzan en diversas direcciones. En este trabajo en particular el análisis que nos convoca tiene que ver con el aprovechamiento de este medio para una multiplicidad de fines, comunicarse, hacer amigos, exhibirse, sentirse parte de un espacio o comunidad, socializar sin necesidad de usar el tiempo presencial y exponenciar el enorme valor simbólico que impera entre ellos.
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En su mayoría, los floggers son chicos de clase media alta, menores de 21 años, que habitan en las grandes urbes del país y que, a través de red, más precisamente del dominio www.fotolog.com, interactúan unos con otros y periódicamente organizan encuentros para conocerse cara a cara. El nombre de este grupo deriva del de esta página web (fotolog = flog = flogger), que en la actualidad tiene veinte millones de usuarios alrededor del globo y veinte millones de visitas diarias.
Los adolescentes argentinos registrados en Fotolog y que se autoproclaman floggers, todos los días religiosamente suben a la página fotos personales, buena parte de ella tomadas frente a un espejo y con la cámara en contrapicado. Debajo escriben lo que están haciendo, como se sienten, la letra de una canción o un poema, y esperan ansiosos que otros les dejen sus comentarios.
Pasan horas frente a la computadora, pendientes de su flog. A cada mensaje que les dejan procuran darle una respuesta. La motivación y el principal objetivo es recibir la mayor cantidad de firmas por imagen y que otros usuarios los sumen a su lista de “Favoritos”, en resumen: ubicarse entre los más populares y que el resto alabe e imite su apariencia y estilo.
El fenómeno alcanza por igual a mujeres y varones. Algunas características para reconocerlos con apenas dar un “enter”: se visten con pantalones chupines de colores estridentes, remeras con escotes profundos o en “v”, usan zapatillas de marcas Converse o Nike, anteojos Ray Ban (mientras más grandes mejores), escuchan música electro pop, procuran no sonreír en sus fotos tomadas principalmente desde arriba hacia abajo y, para complementar este consenso paralingüístico, también manejan un propio código lingüístico propio.
Un dato no menor: en Argentina a comienzos de agosto de este año había casi 3.900.000 cuentas activas en www.fotolog.com. Aunque vale aclarar que no todos los usuarios de la página son parte del fenómeno descripto, hoy por hoy las registraciones al dominio crecen en forma sostenida gracias a los adolescentes que quieren sumarse a esta subcultura online. Según el sitio de estadísticas www.alexa.com, Fotolog es el tercer portal más visitado en nuestro país, por detrás de los archi consultados Google y Windows Live(el correo electrónico de Hotmail).
De este modo, los floggers forman la red social más grande y popular de Argentina, muy por encima de otras comunidades en red como Facebook o MySpace. El fenómeno versión 2.0 es cien por ciento nacional y resulta inédito inclusive en Latinoamérica.
Por lo expuesto, los floggers encarnan a la perfección el hombre unidimensional y la conciencia feliz que dibujaba Herbert Marcuse allá por los años setenta. La compulsión consumista que tienen estos jóvenes es irrefutable y en ojos de este sociólogo equivale a la canalización de sus angustias (por tratarse de adolescentes diría de sus inseguridades) a través de los bienes y de la importancia que otorgan a la imagen propia.
Esto nos remite a lo que planteaba Ronald David Laing cuando se refirió a la división de la psiquis, creando falsos sí-mismos, en un intento por protegerse de “la multiplicidad de roles sociales y rituales interaccionales” que cada uno enfrenta día a día.
El planteo se ve en el caso de los floggers con su desvitalizada e irreal comunicación, a través de una encuesta realizada en una de sus reuniones en el shopping Alto Rosario se pudo comprobar que el 75 por ciento de estos chicos que se llamaban “amigos” no sabía si el otro tenía hermanos o cuáles eran sus aspiraciones una vez terminada la escuela secundaria. Los mensajes que se dejan en sus páginas carecen de contenido y son más bien una mueca de un “yo” escindido, o “desencantado”, como lo denominaría Morris Berman.
A su vez, es posible encontrar en el mismo dominio www.fotolog.com el mito de Dédalo a partir del cual Bruno Latour desarrolla uno de sus principales postulados. Esta página, creada originariamente para que los usuarios carguen sus fotos a la web, es objeto del rodeo de los floggers que la transforman en una comunidad de pertenencia, una tribu urbana, un espacio donde conocer y reconocerse. Puede afirmarse entonces que estos chicos cumplen con la premisa del francés al tomar las cosas en términos de su potencia y no únicamente de su definición.
Se corrobora además la idea de este autor de que un sujeto puede tener muchos predicados, a estos adolescentes sin dudas les corresponden diversos. Pero como en la escena de de “Alicia en el País de las Maravillas” en la que la serpiente confunde a Alicia con un huevo, en la película el flogger podría pasar por emo y viceversa porque ambos comparten el predicado de utilizar el mismo soporte para entrar en contacto.
Otro concepto nodal en el recorrido de la materia aparece en una de sus máximas expresiones en la comunidad analizada: se trata del triunfo del tiempo anacrónico en la actualidad. Los floggers pasan horas frente a la computadora “comunicándose” pero no de modo presencial, sino a distancia y mediatizados por el ordenador.
Por otro lado, Marshall McLuhan y su hijo Eric presentan en “Las leyes de los medios” cuatro postulados que pueden aplicarse a cualquier medio (entendido este último como extensión del cuerpo o mente del hombre). Las tetradas son útiles a fin de percibir mejor la acción y los efectos de las tecnologías en la vida moderna, y de cómo el sujeto se reconfigura a través de su incorporación y fusión.
Por eso, resulta pertinente aplicarlas en el soporte que da origen al fenómeno flogger. Como tal, la página extiende la comunicación a distancia, caduca la privacidad al exhibir sin filtro las fotos personales y generar un espacio para dejar firmas que no tiene moderación, recupera el “my space” de Hotmail donde se podían cargar fotos y recibir comentarios de manera limitada, y revierte en la conformación de una tribu donde sus pares se reconocen y se unen por la diferenciación y la rivalidad con otras.
También los floggers ponen de manifiesto lo que decían los McLuhan respecto a que vivimos en una época en la que prevalece el sentido visual, el contacto entre los miembros de esta comunidad es reflejo de que para identificarnos y acercarnos a otros basta con ver sus fotos y dejarle mensajes que serán respondidos más adelante. Estas nuevas técnicas que operan como extensiones del hombre irremediablemente modifican nuestra percepción del mundo y de las relaciones.
A colación de que en la tetrata sobre Fotolog caduca la privacidad, Lev Manovich en “El lenguaje de los nuevos medios de comunicación” se refiere a los nuevos medios y a cómo éstos volvieron lo que era privado en público, lo oculto en algo compartido, algo que se palpa de modo incuestionable en el Fotolog devenido en vidriera de nuestros nativos digitales. “Los medios informáticos interactivos encajan perfectamente con la tendencia social a exteriorizar y objetivar las operaciones de la mente”, afirnó.
Asimismo, el fenómeno flogger evidencia lo que sostenía Manovich acerca de que la pantalla y el ordenador se convirtieron en el principal medio de acceso a la información. Él hablaba de una sociedad de la pantalla y sin dudas el flogger es uno de sus hijos. Hoy se socializa a distancia frente a una superficie plana y rectangular en detrimento del club y el deporte.
Previamente cuando se presentó a este grupo se hizo hincapié en que comparte un mismo código. En palabras de Manovich, el factor común entre ellos es una nueva cultura codificada en forma digital, lo que denomina intefaz cultural.
Hacia el cierre es preciso abordar el tema desde la óptica que promueve Scott Lash en su “Crítica de la Información”. En las formas tecnológicas de vida, el flogger en su condición de interfaz orgánico-tecnológica no podría vivir sin conexión a Internet o sin cámara de fotos.
“Las máquinas de nuestros días se ocupan de transmitir cultura. La sociedad red es una sociedad de flujos, una sociedad de comunicaciones globales”, aseguraba en relación a que la corriente del río nos arrastra , generando un exceso de información y cada vez menos tiempo para la reflexión y el detenimiento.
Sin embargo, el flogger, nativo de esta reciente configuración de las redes y muchas veces objeto de críticas cartesianas, construye desde su sitio valores simbólicos que podrían servirnos de ejemplo para contrarrestar la exclusión de los tiempos actuales y constituirnos como una verdadera comunidad.
Bibliografía Obligatoria
• Berman, Morris. 6ª Edición, 1999. El rencantamiento del Mundo. Santiago : Cuatro Vientos, 6ª Edición, 1999. (texto del Cap. 1 El nacimiento de la conciencia científica moderna en línea).
• Lash, Scott. 2002. Objetos indóciles: las consecuencias de la reflexividad. Crítica de la información. Avellaneda, Pcia. de Buenos Aires : Amorrortu, 2002, Cap. 2 Formas tecnológicas de vida y Cap. 14 Conclusiones: Comunicación, código y crisis de la reproducción.
• Latour, Bruno. 2001. Un colectivo de humanos y no humanos. Un recorrido por el laberimto de Dédalo. La esperanza de Pandora. Ensayos sobre la realidad de los estudios de la ciencia. Bacelona : Gedisa, 2001, págs. (Cap. 6) 208-257.
• Manovich, Lev. 2006. El lenguaje de los nuevos medios de comunicación. La imagen en la era digital. (1. ¿Qué son los nuevos medios? y 2. La Interfaz) Barcelona : Paidós, 2006.
• McLuhan, Marshall y McLuhan, Eric. Leyes de los medios. a nueva ciencia. – (Prefacio, Cap. 3 y Cap. 5) México : Alianza Editorial Mexicana.
Material en medios gráficos
• Mavrakis, Nicolás. “Los jóvenes hiperfrívolos”, en Revista Noticias Nº 1629 Año XXXI el 15 de marzo del 2008, páginas 86 y 87.
Material Bibliográfico en Internet
• Del Aguila, Mariano. “¡Estoy mirando!”, Diario Clarín, en http://www.clarin.com/suplementos/si/2008/02/29/3-01617530.htm.
• Sinay, Javier. “Fiebre flog” Revista Rolling Stones,en http://www.rollingstone.com.ar/nota.asp?nota_id=1022244.
• “Manual del buen flogger”, Diario Los Andes Online, en http://www.losandes.com.ar/notas/2008/6/22/estilo-365511.asp.
• “Llegan los Floggers, una “tribu” urbana hasta ahora desconocida”, en MinutoUno.com, en http://www.minutouno.com/1/hoy/article/71512-Llegan-los-Floggers,-una-tribu-urbana-hasta-ahora-desconocida/.
• “Cultura flogger. ¿Diversión o exhibicionismo?”, en Diario Panorama el 15/04/08, en http://www.diariopanorama.com/diario/edicionant/2008/04/15/a-18483.html.
• Consulta en www.alexa.com sobre las visitas que recibe www.fotolog.com, en http://www.alexa.com/data/details/traffic_details/fotolog.com.
eso es mentira los flogger tenemos sexo todo el dia
soy un flogger de santa fe me gusta la musica electro y tecno.quiero enviarle un beso a cumbio “plase”gracias