McLuhan es el creador de numerosos conceptos hoy muy populares acerca de los medios de difusión masiva y la sociedad de la información, tales como la Galaxia Gutenberg, la aldea global, la diferenciación entre medios fríos y calientes y la descripción de los medios de comunicación como extensiones de la persona.
El pensamiento de McLuhan respecto a los medios de comunicación se inicia a partir de las siguientes ideas:
1. Somos lo que vemos. 2. Formamos nuestras herramientas y luego éstas nos forman.
En esta línea, podría afirmarse que veía en los medios más agentes de posibilidad que de conciencia: así, los medios podrían compararse con caminos y canales, antes que con obras de valor artístico o modelos de conducta a seguir.
Es habitual que pensemos que los medios no son sino fuentes a través de las cuales recibimos información, pero la concepción de McLuhan era que cualquier tecnología (todo medio) es una extensión de nuestro cuerpo, mente o ser. Los medios tecnológicos son entendidos como herramientas que extienden las habilidades humanas.
Por ende, si pensamos que una rueda es una extensión de las piernas, la realidad virtual, la revolución digital ¿Es acaso una extensión de nuestro cerebro? ¿De nuestra sensibilidad? La metáfora de Narciso en el mundo de las redes digitales, lideradas por Facebook parece una visión de un futuro que ya llegó.
Hoy, más que nunca, la interiorización de medios de comunicación rompe el equilibrio de nuestros sentidos y altera los procesos mentales. Ya lo describió, en 1964, McLuhan cuando escribió en La Comprensión de los Medios como Extensiones del Hombre: El hombre, recolector de alimento, reaparece incongruentemente como recolector de información. En este rol, el hombre electrónico es no menos nómade que sus ancestros paleolíticos.
El resultado es la ruptura de la proporción de los sentidos, una especie de pérdida de la identidad y es por eso que nos gusta como suena “ciberespacio”. El término son neologismos que describen tecnologías no familiares en términos familiares. Esta adopción de neologismos como zona de comodidad es parte importante de la razón por la cual Marshall McLuhan se presume que se convirtió en el teórico cultural más importante de este siglo; su ‘aldea global’ hace accesible un concepto que es, en su núcleo, casi imposible de comprender. Parece que sólo le faltó escribir ‘Ciberespacio: realidad sin fronteras’.
Estamos frente al surgimiento de una república dentro del ciberespacio: la república digital, espacio fecundo donde se están dando, entre otras cosas, nuevas reflexiones e intercambios de ideas, donde se está interpretando al hombre y a su que hacer. Pero también estamos otra vez frente a un viejo problema: ¿cómo interpretar la realidad? ¿Cómo interpretar lo verdadero y lo falso?
Indudablemente, la frase más conocida de Marshall McLuhan es la de “el medio es mensaje”, en la cual sintetiza la idea de que las sociedades han sido siempre más influenciadas por los medios a través de los cuales se comunica, que por el contenido mismo de esa comunicación.
La palabra más usada para describir el ambiente actual es la de “globalización”, que tiene dos raíces: una derivada de la economía y otra de la comunicación. Esta última se refiere al proceso de “acercamiento” del mundo, cuando sus habitantes extienden su sistema nervioso a través de los medios electrónicos que nos comunican a la velocidad de la luz. De ahí surgen las promesas de la “aldea global” del “ser humano que cambia su piel por la de la humanidad entera” del “mundo que esta comprometido con todo el mundo”
La integración de las funciones del teléfono, de la televisión y la computadora es una sola tecnología que permite la transmisión de imágenes, datos y voces de manera instantánea, nos convierte en seres electrónicos que se transportan de un punto a otro a la velocidad de la luz”; en “hombres descarnados”, diría McLuhan.
siempre hay ganadores y perdedores en el cambio tecnológico
En pleno el siglo XXI, y a más de 200 años del surgimiento de la profesión, la definición de este concepto aun continúa en boga: ¿profesión u oficio? ¿Periodista con estudios o periodista sin estudios? ¿Práctica o teoría? La práctica periodística no es tal si quien tiene acceso al manejo de bloques de información no tiene un medio (soporte) que sea el vehículo para que la información (recolectada y elaborada) llegue a un número razonable de personas.
La transposición del material informativo tangible a un soporte virtual exige una readaptación de la práctica profesional que conlleva no sólo a una nueva forma de organización (personal y empresarial) sino que también exige, principalmente, al profesional la adquisición de nuevas competencias, dominios y habilidades para la producción y creación de textos multimediales e hipertextuales no exigibles en los medios convencionales.
Tal es así, que quien ejerce el periodismo mediante el soporte papel (diarios, revistas, etc) está obligado a adaptar y a organizar la información a la especificidad propia del medio: a jerarquizar la información lineal y secuencialmente en forma racional y coherente, estableciendo un orden de lectura fijo, con una estructura rígida y compacta.
¿Cuáles son las nuevas prácticas sociales de producción de información en la era digital? ¿Qué es lo que sucede con la rutina y las prácticas del periodismo tradicional cuando las técnicas (y el soporte mismo) para buscar, recopilar, elaborar y ofrecer información, cambian y están al alcance de todos? ¿Qué sucede con el periodista?
Cambia, se ajusta al soporte y nace una nueva concepción de periodista (y de autor).
Las transformaciones tecnológicas que tan dramáticamente están reestructurando las ediciones tradicionales y la infraestructura de la comunicación de masas electrónica afectan al contenido, a aquellos que producen y propagan el contenido, a la audiencia y a los usuarios de dicho contenido.
El concepto de periodista digital acarrea toda una serie de ventajas en cuanto a la práctica como también una serie de incógnitas y problemáticas. Las nuevas tecnologías de información no sólo realzan el canónico debate de teoría versus práctica, de periodistas buenos sin estudios contra periodistas malos con estudios; sino que le suma la problemática de que ahora el soporte para trasportar la información a miles de personas está al acceso de todos.
¿Un “webloguerista” que tiene la capacidad de buscar datos, recopilar y elaborar información para, millones de personas es un periodista digital?
Tomando como eje al periodista tradicional -aquel familiarizado con las rutinas de las redacciones tradicionales- para luego retomar esta problemática, nos preguntamos ¿Cuándo un periodista tradicional se convierte o podría considerarse digital?
el periodista que se embarca en la autopista de la información) deberá asumir funciones ajenas al contexto impreso, más propias de un técnico que de un escritor: diseño funcional de la estructura discursiva (hipertexto), integración de elementos no textuales, etc. Es la gran cantidad de posibilidades comunicativas que brinda el soporte digital (hipertextualidad, Interactividad, multisensorialidad) la que obliga al profesional adquirir nuevas competencias retóricas.
El periodista que trabaja “en red” está sujeto a un feedback constante, está interconectado a fuentes, periodistas, receptores e interactores. Rompe con las rutinas periodísticas convencionales en las que el periodista volvía a la redacción a escribir el artículo, para luego entregarlo a su editor para que lo corrija y decidiera si es pertinente o no publicarlo en el diario del día siguiente.
Rompe con el diálogo lineal y unidireccional del periodismo soporte papel tradicional. La comunicación con su receptor no se produce cuando el diario llega a manos del lector horas después de la impresión sino que tiene la misma simultaneidad del “vivo y en directo” que el periodismo de televisión, con la diferencia que, como dice .
El periodista digital simplemente escribe desde el mismo lugar del suceso, tecleando sobre potentes ordenadores portátiles, equipados con una serie de programas de diseño, procesador de textos y gráficos, con lo que ganarán en rapidez y efectividad, ya que cada mañana al conectarse con su medio y tras participar, mediante la videoconferencia, en el diario consejo de redacción, recibirán vía módem el diseño de los espacios asignados (columnas, páginas o simples recuadros) a sus artículos, reportajes, comentarios o informes, con indicaciones sobre el número de líneas por escribir, espacio para titulación.
Sin embargo, las nuevas herramientas digitales y las posibilidades que de ellas se desprenden plantean nuevos desafíos para los profesionales de la información. Desafíos no sólo en el sentido acerca de las múltiples maneras en las que hoy se puede presentar la información sino también un reto para aquellos que no quieran quedar fuera de esta nueva modalidad que ha crecido intensamente.
Dentro de esta “nueva modalidad periodística” se puede plantear la existencia de dos tipos de profesionales.
Por un lado están aquellos que se podrían considerar “técnicos”; tienen la capacidad de responder a las nuevas exigencias instrumentales que propone el medio digital (elaboración de páginas web, manipulación digital de imágenes) pero sin la destreza de poner en relación estas habilidades con los demás ámbitos del ejercicio periodístico. Es decir, su trabajo se enfoca a la edición y redacción, muy poco a realizar notas en los lugares donde ocurre la noticia.
En el segundo caso se encuentran aquellos periodistas que integran a la práctica periodística los recursos digitales. A estos ciberperiodistas Díaz Noci los denomina profesionales híbridos, es decir, si bien continúan trabajando en un medio tradicional, son requeridos para trabajar en la versión web de esa misma publicación.
En este sentido se puede pensar que se trata de profesionales más versátiles y con criterios centrados en la mejora de la calidad de la información periodística gracias a las mayores posibilidades de documentación, análisis, amplitud y rapidez que propician los recursos digitales. Pero para lograrlo deben enfrentarse al reto de incorporar tres ingredientes nuevos para el periodismo: multimedialidad, hipertextualidad e interactividad.
La brecha que existia con los consumidores y productores se fue acortando, de manera que ¿Estamos en el nuevo paradigma del periodismo?