EL MEDIO ES EL MENSAJE: TABANEANDO CON McLUHAN

Si el medio es el mensaje…el mensaje es el medio???… pero entonces si el medio no es el medio, sino que es el mensaje y el mensaje no es el mensaje, sino el medio… como es posible hablar de medio y de mensaje como entidades diferenciadas??
El problema amaga con devorarse a si mismo puesto que parece estar afirmando que medio y mensaje son una misma cosa, aniquilando así los propios términos que componen la frase. Convirtiendo la explosiva y estimulante contradicción inicial en un mero caso de onanismo mental, de alguien que se divierte haciéndole creer a los demás que está diciendo algo original cuando en verdad no dice nada.
Estamos convencidos de que esto no es lo que ocurre con Marshall McLuhan.
McLuhan sostiene que cada cultura desarrolla una cierta configuración sensorial en función de los medios imperantes en la misma. Así, en una cultura oral la estructura del sensorium humano estará dominada por el sentido del oído. De la misma forma que la vista adoptará un papel central en las culturas tipográficas.
Hasta ahí no pareciera McLuhan estar afirmando nada demasiado importante, sino simplemente que según el ambiente mediático en el que me encuentre inmerso seré más o menos visual o auditivo.
Pero lo interesante es que, para este canadiense profesor de literatura, la configuración sensorial obtenida de la interacción del hombre con sus extensiones tecnológicas no solo afecta el orden de la sensibilidad sino también las propias estructuras del pensamiento, es decir, la concepción que este tiene del mundo y de si mismo.
Así planteada la cuestión el hombre crea tecnologías que al mismo tiempo recrean un cierto tipo de hombre.
En esta concepción no instrumental de la tecnología, embanderada por McLuhan a partir de la afirmación de que los medios son extensiones del hombre, subyace una antropología que corre al sujeto de la centralidad absoluta en el mundo. Dando lugar a pensar al sujeto como maquinal y a la tecnología como humana.
Scott Lash nos arroja un manto de claridad sobre este tema cuando, en su Crítica a la información, nos dice: “A su juicio (el de McLuhan) el sujeto no sólo está en el mundo con la tecnología; en su antropología mecánica, está fusionado con ella. En la fenomenología, el sujeto intencional tiene un status diferente del objeto. Por eso en Heidegger la estructura ontológica del Dasein es enormemente distinta de la estructura ontológica de otros entes. En la estructura tecnológica inmanentista los sujetos y los objetos convergen en su estatus ontológico: los primeros tienen, por así decirlo, movilidad descendente, y los segundos, movilidad ascendente. Para McLuhan, sujetos y objetos se fusionan”.
EL MEDIO ES EL MENSAJE POR QUE EL MENSAJE NO ES EL MEDIO
Para empezar a desentrañar la confusión en la que nos vimos enredados al comienzo de este escrito, o para sumergirnos más despabiladamente en ella, diremos que el medio es el mensaje justamente por que el mensaje no es el medio. Cómo es eso????!!! Hacia allí vamos.
El medio es el mensaje: El arte de estar inmerso.
Creemos acertado señalar que en la máxima macluhaniana pueden leerse dos acepciones que, por sus distintos niveles de inscripción, son complementarias entre si.
La primera de ellas está relacionada con el impacto que cualquier medio produce tanto en los individuos como en las formas en que estos se asocian. Esto es, lo radicalmente importante (léase, aquello acerca de lo cual un estudioso de los medios no puede dejar de preguntarse) son los “cambios de escala, de pauta, de paso de ritmo que cualquier medio introduce en los asuntos humanos”. Al decir de McLuhan, “el ferrocarril no introdujo en la colectividad humana el movimiento, el transporte, la rueda o el camino, pero sí aceleró y amplió la escala de las funciones humanas que acabamos de mencionar, creando clases totalmente nuevas de ciudades y nuevas especies de trabajo y diversión”. Y a renglón seguido agrega, “por otra parte, al acelerar el transporte, el aeroplano tiende a disolver las formas urbanas, políticas nacidas del ferrocarril, con absoluta independencia de aquello para lo que se use el aeroplano”.
Esta primera definición pone el acento en el medio como agente a nivel sociológico. Es decir, como promotor de cambios de escala y aceleraciones que impactan en las pautas de organización de las sociedades humanas.
La segunda definición apunta a señalar la dinámica entre cada nuevo medio y sus predecesores. Así, según Mcluhan, el contenido de cualquier medio es siempre otro medio: “El contenido de la escritura es el habla, del mismo modo que la palabra escrita constituye el contenido de lo impreso y lo impreso es el contenido del telégrafo”.
Claramente, esta última acepción se inscribe en un terreno mediamórfico. Es decir, señala un patrón de comportamiento de los medios en su desarrollo e interrelación.
Ambas definiciones atentan directamente contra la idea de continente-contenido aplicada a los medios. La primera, haciendo implosionar la díada al afirmar que es el medio mismo y los cambios que introduce a nivel social, y no el “mensaje” vehiculizado a través del medio (el ya famoso entre lo comunicólogos “dice qué” del modelo de Lasswell), lo que debemos tomar como signo, como “mensaje”. La cosa se grafica más o menos así:
SIGNO=MENSAJE, MEDIO=SIGNO, MENSAJE=MEDIO…
EL MEDIO ES EL MENSAJE.
La segunda definición, por su parte se sirve de los términos continente-contenido diciéndonos: si vamos a hablar de contenido como aquello que un medio alberga en su interior, de ninguna manera debemos reparar en lo que se dice a través de este (lo cual no nos señala nada acerca de las características del medio); sino que debemos analizar qué formas tecnológicas anteriores el nuevo medio ha absorbido. Desmenuzando un poco la cuestión, esto sería:
MENSAJE=CONTENIDO, CONTENIDO=MEDIO, MENSAJE=MEDIO…
EL MEDIO ES EL MENSAJE
Ahora bien, en las antípodas de McLuhan, los que pretenden dar cuenta del impacto de los medios a partir de los análisis de contenido (entendiendo por contenido lo que se dice a través del medio), identifican a aquel con los mensajes que “transporta”. Pero en ese caso la identificación no resulta para nada virtuosa, siendo, por el contrario, producto del indeseable sonambulismo tecnológico tan fervientemente denunciado por nuestro autor.
El mensaje es el medio: El ostinato alfabético.
Tal sonambulismo se identifica con la mentalidad alfabética (la ABCDEmindness como la llama Mcluhan) la cual se encuentra en una posición similar frente a los medios a la de aquel “marinero que se sume en el abismo y especula sobre la estructura del gigantesco torbellino, mientras éste lo engulle ineludiblemente”. Con el simpático agregado de que cree que puede sustraerse a su influencia, ignorando que “los efectos de la tecnología no se dan al nivel de las opiniones o los conceptos sino que cambian las proporciones de los sentidos o las pautas de la percepción”.
La miopía mediática que no ve que no ve los cambios profundos que cada medio introduce, y confunde la hondura de sus caracteres con la superficie de sus contenidos, ha quedado al descubierto con la aparición de la luz eléctrica.
Mientras los estudios de contenido anuncian EL MENSAJE ES EL MEDIO, la electricidad se les cuela por el punto ciego.
Es que para McLuhan prestarle atención a los contenidos es una pérdida de tiempo??? No, de ninguna manera. Es obvio que la televisión sin contenido o el cine sin films que proyectar no constituirían medio alguno. Como bien señala Piscitelli (ver pdf):“…muchas computadoras murieron porque fueron, por limitaciones de software o de hardware, de reciclarse para la conexión a Internet. En síntesis, el contenido es esencial al medio y a la existencia del medio”. Pero centrar la atención solo en los contenidos es pasar por alto cambios que calan mucho más hondo y que serán los que verdaderamente nos orienten en la tarea de dilucidar el tipo de proceso en el que estamos inmersos.
La electricidad, nos dice el autor de La galaxia Gutenberg, que es el primer medio de comunicación sin “mensaje” (aquí nuevamente hablamos de mensaje en el sentido de lo que se dice a través de…), ha pasado inadvertida frente a los ojos del analista incauto, quien al mismo tiempo que se pregunta por el “dice qué” queda enredado en la telaraña del nuevo ambiente tecnológico.
Vemos entonces como, mientras que en McLuhan es el medio el que reclama que se le preste atención como mensaje en si mismo, en los estudios de contenido es el mensaje el que se disfraza de medio.
Como no podía ser de otra manera el final de este post termina por el medio… Coda: El medio es el mensaje por que el mensaje no es el medio.
excelente claro me ayudo a entender el pensamiento de mcluhan
Publicado por: Augusto Noviembre 14, 2005 10:42 PMNavegador Mozilla Firefox
© Fernando Irigaray (2003-2005)
